La Honestidad no es una virtud, es una obligación

domingo, enero 28, 2007

Victoria y Soledad



Les voy a hablar de dos hermanas gemelas, bueno, la verdad es que nunca supe con exactitud si eran gemelas o mellizas, llamadas Victoria y Soledad. Las conocí cuando apenas contaba con 16 años en uno de esos grupos de actividades extraescolares, ellas eran un año mayor que yo y quizá fuera eso lo que me llamó la atención, pues en el colegio nunca me había fijado en ninguna. También puede ser que fuera por su extraordinaria belleza y la forma de mirar y sonreír. Sin embargo, aunque iguales por fuera, por dentro parecían muy distintas.

¡Lánzate a por ellas! – me decía un amigo, total si una te dice que no, tienes a la otra de "repuesto". La verdad es que yo no lo veía tan claro, no parecía una forma muy honesta de actuar. Hasta ese momento mi acercamiento a las mujeres había sido bastante escaso y "entrar" a semejantes bellezas me resultaba tan complicado como aprender el dichoso idioma de las clases donde las veía cada dos días.

Al llegar el verano, se hizo la típica fiesta de fin de curso, era la ocasión perfecta para realizar mi primer "ataque", lo que no sabía era hacia quien enviarlo; por un lado Victoria parecía un ángel y por otro Soledad un demonio, pero de los tentadores.
La fiesta consistía en una cena en un restaurante de una conocida franquicia y luego unas copichuelas en un lugar de esos que sirven bebidas tropicales (caipirinha, mojitos, ... ya saben). La cena transcurrió sin pena ni gloria, los nervios casi no me dejaron pegar bocado, sin embargo en el bar de copas la cosa cambió, seguramente propiciado por los cinco combinados que me metí entre pecho y espalda.
El contacto con las hermanas gemelas se puede catalogar de "dulce naufragio", empecé tirando los trastos a Victoria y aunque se reía, parecía que no era la forma de conquistar a chica tan sublime. Lo intenté con Soledad, mucho más receptiva que su hermana, y después de que me vacilara dos o tres veces desistí en mi intento.
Al menos me quedó una cosa clara, Victoria y Soledad entrarían y saldrían de mi vida cuando ellas quisieran sin previo aviso, este tipo de mujeres te eligen a ti y no al contrario.

Y así ocurrió un año más tarde cuando encontré a Victoria en un "bareto" especializado en 1.000 variedades de chupitos que mis amigos y yo solíamos frecuentar cuando se adivinaba fiesta importante. Estuvimos hablando horas y horas, desde luego la chica además de guapa tenía conversación.
Bastó esa noche para caer rendido a sus pies, ella estaba receptiva así que estuvimos saliendo durante un tiempito, pero yo no me sentía dispuesto a "atarme" tan pronto y más aún cuando una noche apareció su hermana Soledad dispuesta a arrebatarle a Victoria lo que era suyo.
Soledad era muy distinta a Victoria, ni mejor ni peor, simplemente diferente. La relación con ella fue bastante tortuosa, para mí era como una droga que no podía dejar, pero estar con ella también me hacía mal.
Lógicamente no duramos mucho, apenas unos meses, ya había tenido mi primera parte de Victoria y Soledad y me sentía cansado, necesitaba pasar un tiempo de tranquilidad y asimilarlo todo.

Transcurridos dos años volví a coincidir con Victoria y como ya dije antes quiso volver a entrar en mi vida. Esta vez parecía que la cosa tenía futuro, su hermana Soledad no incordiaba porque se había ido de Erasmus a un pequeño pueblo británico cerca de Newcastle.

Cinco años duró mi idilio con Victoria, era una relación basada en la amistad y en el respeto, Solíamos ir a cenar, al cine, al teatro, a museos..., lo pasábamos francamente bien, aunque el cuerpo me pedía algo más, pero era algo de lo que podía prescindir con tal de estar al lado de Victoria.
Recuerdo un día que le pregunté a Victoria si me "querría para siempre", ¡¡ qué error fue cuestionarle aquello!!, pues su respuesta me dio que pensar, me dijo: "Ahora, en estos días en que vivimos, "para siempre" no dura tanto, y "nunca" y "toda la vida" de repente es un rato". Esta respuesta me hizo sentir que la pequeña Victoria ya no estaba de mi lado, que nuestro idilio tocaba a su fin. Habían sido unos años maravillosos. Recuerdo que decía a mis amigos: "si llego a conocerla unos años más tarde, no se me hubiera escapado nunca". Pero se esfumó como azucarillo en café y ya no volví a saber más de ella.

Su marcha coincidió con el regreso de Soledad, mucho más independiente e interesante tras su estancia en Inglaterra. Recuerdo que coindicimos en las fiestas de un pueblo de cuyo nombre es mejor no acordarse. Existía mucha atracción entre ambos y ella no tardó mucho en volver a entrar en mi vida y una vez que lo hizo... ¡¡qué difícil fue sacarla de ahí!!.
Como en nuestra relación anterior, la convivencia se convirtió en una tortura, me tenía totalmente anulado pero no podía dejar esa droga que me hacía sentir tan angustiado.

Pasado un tiempo recordé una frase que me dijo Victoria: "no esperes a mañana a ser feliz, sé feliz hoy, mañana quizá sea tarde". Armado de valor con estas palabras retumbando en mi interior, logré sacar a la amarga Soledad de mi vida, ella gracias a Dios desapareció y yo por fin descansé.

Ahora vuelvo a estar en estado de reposo ("en barbecho" que diría un buen amigo mío), y de Victoria y Soledad, ¿qué?. A Victoria dicen que la han visto rondar donde antiguamente terminaba la línea 4 de metro, ahora entre las estaciones de Arturo Soria y Canillas. Ojalá volvamos a coincidir en alguna ocasión en el tiempo y en el espacio.
De Soledad no sé nada, pero cada vez que doblo una esquina cierro los ojos vaya a ser que vuelva a aparecer.

Esta es a grandes a rasgos la historia de la dulce Victoria y la amarga Soledad que no son ni una fantasía ni son una realidad. Que lo disfruten o padezcan.

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4 comentarios:

  • Echando la vista atrás recuerdo con cariño los días en que soñabamos con Victorias y Soledades.

    Nunca olvidaré esos paseos alrededor del colegio cuadrado, en los que diseccionabamos nuestras frustaciones con las mujeres y anhelabamos tiempos mejores.

    Por mi parte, yo me quedo con aquel día esperando en la esquina del "Bocata y Ole", en el que si nos hubieran dado plantón hubieramos salido por patas.

    Tarde o temprano siempre aparece una mujer que tiene ese algo extra que te hace más llevaderas las cuestas arriba del destino. A todas las demás, las acabas olvidando.

    Gran post Muchacho.

    De Anonymous Anónimo, A las 22:28  

  • Con palabras sencillas, sin grandes alardes, has cincelado una historia emocionante. Este homenaje a los vencidos nace del recuerdo pero también del futuro. Dulce naufragio, es la expresión. Gracias por escribirlo en otro guiño cómplice. Cuando algo se acerca y luego, por lo que sea, no llega la plenitud. Con el doble sentido de esos bellezones llenando de insinuaciones y vacío...

    Con la grandeza de la suave melancolía. Hay carne en esa historia debajo de la aparente invención. Y eso que celebro al leerlo por tercera vez.

    De Anonymous Anónimo, A las 16:37  

  • Sin aspavientos, con la cercanía de las palabras justas, has escrito un homenaje a los vencidos. Una canción fabricada con el pasado pero también con el futuro. Dulce naufragio. Allí donde se funde la belleza y la confusión. El deslumbramiento y la insuficiencia. La casi plenitud.

    Debajo de la invención está la carne. Y eso que recordamos. Ya me he drogado tres veces con el carisma de la autodestructiva Soledad. Ya me he celebrado tres veces con la inconsistente armonía de Victoria. Gracias, Muchacho.

    De Anonymous Anónimo, A las 16:51  

  • Tres comentarios "anónimos" de dos grandes conocidos a los que les doy las gracias por varios motivos.

    Primero por sus comentarios llenos de cariño y complicidad, vosotros también compartisteis estas "historias inventadas".

    Segundo porque sin vuestros escritos, el mío no habría sido posible.

    Y tercero porque la verdadera Victoria es vuestra amistad.

    Un abrazo Muchachos

    De Blogger zerep79, A las 19:41  

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