Victoria y Soledad

Les voy a hablar de dos hermanas gemelas, bueno, la verdad es que nunca supe con exactitud si eran gemelas o mellizas, llamadas Victoria y Soledad. Las conocí cuando apenas contaba con 16 años en uno de esos grupos de actividades extraescolares, ellas eran un año mayor que yo y quizá fuera eso lo que me llamó la atención, pues en el colegio nunca me había fijado en ninguna. También puede ser que fuera por su extraordinaria belleza y la forma de mirar y sonreír. Sin embargo, aunque iguales por fuera, por dentro parecían muy distintas.
La fiesta consistía en una cena en un restaurante de una conocida franquicia y luego unas copichuelas en un lugar de esos que sirven bebidas tropicales (caipirinha, mojitos, ... ya saben). La cena transcurrió sin pena ni gloria, los nervios casi no me dejaron pegar bocado, sin embargo en el bar de copas la cosa cambió, seguramente propiciado por los cinco combinados que me metí entre pecho y espalda.
El contacto con las hermanas gemelas se puede catalogar de "dulce naufragio", empecé tirando los trastos a Victoria y aunque se reía, parecía que no era la forma de conquistar a chica tan sublime. Lo intenté con Soledad, mucho más receptiva que su hermana, y después de que me vacilara dos o tres veces desistí en mi intento.
Al menos me quedó una cosa clara, Victoria y Soledad entrarían y saldrían de mi vida cuando ellas quisieran sin previo aviso, este tipo de mujeres te eligen a ti y no al contrario.
Bastó esa noche para caer rendido a sus pies, ella estaba receptiva así que estuvimos saliendo durante un tiempito, pero yo no me sentía dispuesto a "atarme" tan pronto y más aún cuando una noche apareció su hermana Soledad dispuesta a arrebatarle a Victoria lo que era suyo.
Soledad era muy distinta a Victoria, ni mejor ni peor, simplemente diferente. La relación con ella fue bastante tortuosa, para mí era como una droga que no podía dejar, pero estar con ella también me hacía mal.
Lógicamente no duramos mucho, apenas unos meses, ya había tenido mi primera parte de Victoria y Soledad y me sentía cansado, necesitaba pasar un tiempo de tranquilidad y asimilarlo todo.
Recuerdo un día que le pregunté a Victoria si me "querría para siempre", ¡¡ qué error fue cuestionarle aquello!!, pues su respuesta me dio que pensar, me dijo: "Ahora, en estos días en que vivimos, "para siempre" no dura tanto, y "nunca" y "toda la vida" de repente es un rato". Esta respuesta me hizo sentir que la pequeña Victoria ya no estaba de mi lado, que nuestro idilio tocaba a su fin. Habían sido unos años maravillosos. Recuerdo que decía a mis amigos: "si llego a conocerla unos años más tarde, no se me hubiera escapado nunca". Pero se esfumó como azucarillo en café y ya no volví a saber más de ella.
Como en nuestra relación anterior, la convivencia se convirtió en una tortura, me tenía totalmente anulado pero no podía dejar esa droga que me hacía sentir tan angustiado.
De Soledad no sé nada, pero cada vez que doblo una esquina cierro los ojos vaya a ser que vuelva a aparecer.
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